BIENVENIDO AL MAGICO MUNDO DE LA PESCA CON MOSCA

《 Hay que ser, o haber sido pescador, para conocer el goce infinito de la integración del hombre en la Naturaleza. El pescador vive la explosión de la primavera, el rigor del verano, la suavidad del otoño y la tristeza del invierno, conoce la afanosa vida de los insectos, el crecimiento de las plantas, el jugueteo de las aguas, el instinto y la astucia de los animales silvestres, la imponente majestuosidad de las montañas y la sencillez de los prados y las tremendas fuerzas desencadenadas de la naturaleza...》
Prologo del libro LA PESCA DE LA TRUCHA en los rios de León, de Jesus Pariente Diez.

sábado, 9 de julio de 2016

La Magia del Omaña.

Todos hemos soñado alguna vez con ese gran día en que desde las pequeñas a las grandes se ponen con verdaderas ganas a comer. Muchas veces me he preguntado ¿ porqué hay días que las truchas sin previo aviso, se emborrachan de subir a la mosca? Este pequeño detalle amigo pescador es la clave de seguir día a día detrás de ellas. Esta ilusión que se mantiene viva pase lo que pase, y digan lo que digan algunos " aguafiestas ", es lo que nos anima a seguir temporada tras temporada.

La librea de estas truchas son espectaculares, muy parecida a la librea de las truchas autóctonas que hace muchos años poblaban estas aguas. 

Son las doce del mediodía, un sol de justicia impone su ley, mis únicos compañeros son algunos pájaros y, como no los mosquitos, no los que pican, esos que parecen reactores cuando se aproximan, me refiero a los otros, a esos que siempre vuelan en manadas alrededor de los ojos, esos que te persiguen hasta el infinito esperando que tengas un descuido para introducirse dentro del ojo ¿ que buscarán ? Debo decir que no me disgusta la soledad. En ocasiones la disfruto como ninguna otra sensación.  
El río ni alto ni bajo. Ato al terminal un flor de escoba, está tan mordido que no es ni la sombra de lo que fué, prácticamente no es más que el anzuelo y algunas fibras que sustentan el tejadillo, las fibras del collar de flotación se cuentan con los dedos de una mano. Estas moscas con aspecto deplorable son mis favoritas, siempre recurro a ellas cuando las truchas están muy pescadas.  
Pruebo el primer lance al lado de una piedra grande, donde el agua golpea fuerte formando miles de burbujas, clavo la primera, el diminuto anzuelo se clava justo en la punta del morro de una hermosa trucha, al intentar meterla en la sacadera tropiezo y culera, afortunadamente no pasa nada, ni ami ni a la trucha que sigue enganchada al anzuelo, después de varios tiras y aflojas consigo meterla en la red, una pintora genuina de estas aguas,casi igual a las autóctonas que pescaba yo aquí hace casi cuarenta años.

Todo el Omaña es ideal para pescarlo a mosca seca. Las posturas se suceden una tras otra y parecen no tener fin. 

Voy remontando el río por la margen derecha, haciendo lances laterales de revés, estos lances cambian los esquemas del normal empleo del brazo lanzador. Para los pescadores que no somos ambidiestros, es este un lanzado que debemos dominar con sutura, pues son multiples las situaciones en acción de pesca que nos obligan a realizarlo.  
A esta primera trucha le sigue alguna más, todas engañadas con la misma mosca, y devueltas al agua sin más. El reloj marca las dos, a partir de aquí comienza la fiesta. Durante las tres horas siguientes el río bulle con toda sus fuerza. Cambio el flor de escoba que a duras penas se mantiene a flote por uno nuevo, las truchas lo aceptan sin ningún recelo. 
El calor sigue aumentando de forma descarada. Todo mi cuerpo suda a grandes cantidades, continuamente bebo agua de una botella que llevo en el chaleco, está caliente pero no importa, las ansias de nuevas capturas no me dejan ponerla a enfriar, las truchas están entrando y no me dan tregua. Empapo un pañuelo con el agua del río y me lo paso por la frente y el cuello para aliviar algo este calor bochornoso. Las polarizadas se me empañan constantemente, esto es algo que me saca de mis casillas, pero tengo que seguir con ellas puestas, ya siento otra vez la es cuadrilla de mosquitos sobrevolando a la altura de los ojos, se me hace que me siguen un millón de ellos, vusco el spray en un bolsillo de mi chaleco, me embadurno cuanto puedo, aunque no demasiado, el olor me mata, haber si este nuevo funciona de verdad.

Sol y sombra. El pescador agradece estos pocos espacios abiertos para hacer lances largos y sorprender a las esquivas truchas. 

En mi camino me doy de frente con un pequeño salto de agua y una larga tabla. Lanzo lejos bajo las ramas de una salguera, con precisión, concentrado en lo que hago, sube un hermoso ejemplar al tricóptero, parece de buen tamaño por el tirón que siento en la muñeca, aguanto sin forzar la línea hasta que la veo. Digo para mis adentros ¡ que buena es! La trucha al verme pega un tirón fuerte y me obliga a soltar línea, el freno del vivarelli hace bien su trabajo, pero lo tengo algo flojo y tengo que regular yo mismo la salida. 
El fantasma de que se suelte me ronda la cabeza, procuro traerla a mi terreno, sin prisa pero sin pausa, la tengo cerca, la caña se dobla como un arco y la trucha poco a poco va cediendo, me agacho, casi me arrodillo para no asustarla. 
Después de varios tiras y aflojas la introduzco en la sacadera, su medio kilo yace en la red. En mi rostro se nota las mieles del triunfo, solo falta colocarme una corona de laurales sobre la cabeza. La quito el anzuelo, no parece muy fatigada, no obtante la reabilito unos minutos mientras la saco una fotografía, la única foto del día a una trucha. 
La miro como si fuera la primera vez que veo una trucha, su forma aerodinámica y su librea me fascinan, concebidas para nadar y protejerse de sus enemigos. Al cabo de unos pocos minutos empieza a mover de un lado a otro la aleta caudal y noto que quiere marcharse, la suelto y sale como un obús río arriba. Entonces sonrio feliz.

Aveces da la sensación de estar el río muerto, sin aparente actividad alguna, sin embargo las truchas, especialmente las adultas, buscan en estos días soleados la sombra que las proporciona la fronda de las orillas, siempre al acecho de posibles presas. 

El reloj marca las cinco de la tarde, la hora de los toros. Miro al flor de escoba, está algo deteriorado por las sucesivas tomadas, pero en perfectas condiciones para seguir pescando con el. 
Estos tricópteros con pluma de gallo de León, si están bien montados duran una eternidad, además no necesitan engrasarlos para que floten, un par de falsos lances es suficiente para secarlos. 
 El calor sigue insoportable, empiezo a notar los primeros síntomas de deshidratación, se me ensaliva la boca, un poco agotado resbalo en una pequeña losa y una nueva " culetada ", esta con mojadura incluida, pero no me importa, parece como si estuviera deseando un chapuzón. Dudo por unos momentos si hacer una pausa o seguir pescando, de repente me acuerdo del bocadillo que traigo en el chaleco y decido sentarme a la sombra de un árbol para reponer fuerzas. 
Me pregunto cuantas truchas habrán pasado hoy por mis manos, calculo que unas dieciséis, o tal vez vente, no estoy seguro, ni tampoco me importa mucho, lo realmente importante es que todas siguen en el río. Después de dar buena cuenta del bocadillo y la cerveza, recojo todos los desperdicios y los meto en una pequeña bolsa de plástico, todo de nuevo al chaleco. 
Son ya las seis de la tarde, durante más de cuatro horas no he parado de sacar truchas y el agotamiento apesar de la pausa empieza hacer mella en mi cuerpo. Estas jornadas de pesca no son ya, o no deberían ser esas carreras alocadas contra reloj de antaño, lanzando y vadeando el río sin parar todo el día. Esta fiebre con el tiempo se va calmando, aunque para unos antes que para otros, es evidente. 

No es nada sencillo meter la mosca por debajo de las ramas de los árboles. Si calculamos mal, corremos el riesgo de perder una buena oportunidad. 

Entretanto las truchas han dejado de cebarse, las polarizadas ya no se empañan, y el spray que me costó un ojo de la cara parace que esta vez si a surtido efecto. Pero la sensatez se impone y decido regresar al coche que afortunadamente no está muy lejos. 
Camino por la orilla del río, sin salirme de el. Muy cerca ya del coche me doy de frente con una tablada larga de aguas semiparadas, ( las dos fotografías de arriba ). Cerca de mi observo una cebada debajo de las ramas de una salguera, sin dudarlo un segundo presento el flor de escoba correctamente, la trucha sube, pero lo rechaza, de inmediato cambio el flor de escoba por un carne del 20 con pluma clara. 
Lanzo la mosca dos metros por encima del círculo que provocó la cebada, la trucha sube por la mosca, y esta vez no la rechaza, con un sutil movimiento de la caña, la trucha queda prendida del anzuelo por el morro. 
Es un hermoso ejemplar, el mayor que he tenido hoy en mis manos. La quito el anzuelo y la suelto sin más, sale disparada, no quiero perder tiempo y decido pescar esta tabla al " agua ", con discreción, presentando la pequeña mosca debajo de las ramas de los árboles que prácticamente tocan el agua. 
Los lances son algo complicados, pero la fina paralela me facilita la lavor. Las capturas se suceden, no paro de clavar ejemplares respetables, están todas apostadas a la sombra que las proporciona la fronda de las orillas ¡ vendita nueva Ley de Pesca pienso! Esto ya se va pareciendo más a los ochenta. Lo de la mañana fué una broma comparado con esto.

Hay muchos lugares donde los árboles de las orillas nos protegen del sol abrasador, formando una especie de toldo con sus ramas entrelazadas. 

Vuelvo a mirar el reloj, son las ocho, el tiempo se ha pasado sin darme cuenta, de repente el cansancio parece haber desaparecido. 
A unos metros del final de la tabla una trucha me rompe el bajo llevándose la mosca, ni siquiera me dió tiempo a ver por donde se fué, de repente todos mis pensamientos empiezan a girar en torno a esa trucha ¿ algo habrá fallado me pregunto? Quizás algún nudo de viento en el bajo, o tal vez me precipitara al clavarla, a estas alturas después de una intensa jornada de pesca todo es posible. 
Espero que la trucha se las apañe bien para desprenderse de la mosca, estos anzuelos sin muerte se sueltan con bastante facilidad.  
Ahora sí, ahora doy a la palanca del vivarelli y recojo la línea y lo que queda del bajo. Trepo como puedo por una empinada cuesta llena de ortigas, las voy sorteando con alguna dificultad, algunas llegan a rozarme los brazos y me producen un pequeño escozor ¡ malas hierbas estas exclamo  ! Por fin el coche aparece a la sombra de un frondoso árbol, tal como lo dejé por la mañana. Ahora lo que más deseo es una cerveza fría con gaseosa, espero que el corral del sandalio o como se llame ahora esté abierto.

1 comentario:

  1. Muy bueno como todos.Lei lo de felmin y como pasan los años.Ya sabes,tengo 67 y deje de trabajar este mayo en usa como anestesista.A veces me acompaña mi hijo pero el que siempre me acompaña es mi mejor amigo,Mi baston!.Veo que tienes dos moscas infalibles,quien no? ese trico y ese emergente.Mis dos son en emergente de trrico de la fontaine y el emergente tipo sparkle dun.Quizas tenga que volver al buldo para pescar a seca y algo ahogada pero antes ,el que viene que estoy a tiempo voya volver a pescar a latigo con ahogadas de leon con y sin peso y con las soft hackles de perdiz y gallina otra vez,Es la hora otra vez!saludos.

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